miércoles, 15 de abril de 2015

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sábado, 11 de abril de 2015

La brecha invisible

                                                                                                  Foto: Jose Luis Cuesta
Publicado en Levante de Castellón el 10 de Abril de 2015
La desigualdad es el carísimo precio que la sociedad española está pagando por haberse desideologizado en las últimas décadas y dejar al albur de la clase política los asuntos que a todos nos conciernen. Durante años hemos vivido en una burbuja de pasotismo, no sé si llamarla de idiotez, en la que estaba de moda alardear de ser “apolítico” y aparentar que vivíamos en un mundo VIP, cuando en realidad estábamos viviendo en los mundos de yuppy. Se fardaba de tener seguro médico privado, mientras dejábamos caer una de las mejores sanidades públicas del mundo en manos de depredadores del beneficio y la privatización; muchos presumían de sacar a sus hijos de la escuela pública para llevarlos a la privada, no porque la calidad de la pública fuese inferior, sino por alardear de buena posición social.
                Al perder el horizonte ideológico, nos hemos convertido en sujetos manejables por el poder y sus medios de comunicación, que nos han dado el título de consumidores, retirándonos el de ciudadanos responsables de nuestros actos sociales. Incluso hemos ido perdiendo nuestra condición de trabajadores, para pasar a ser empleados y después colaboradores. Ser trabajador es una cosa fea en la sociedad de las apariencias, pero ser colaborador es un estatus social que te aleja del marchamo obrerista que tiene el mundo del trabajo, a pesar de que los trabajadores ganaban más y tenían mejores condiciones de trabajo, que los ahora colaboradores, sumidos en la precariedad laboral y salarial, que ha ido creciendo en España de manera directamente proporcional al desprestigio al que han sido sometidos los Sindicatos desde el poder neoliberal, y su pérdida de capacidad de representación de los trabajadores, esos que se han convertido en colaboradores, hasta llegar a su destrucción con las últimas reformas laborales habidas en España, que han profundizado en la precarización, la desigualdad salarial por sexos, la desregulación absoluta de las condiciones de trabajo, la pérdida o reducción del salario, y la inhabilitación de la negociación colectiva, que sólo tienen como fin crear una nueva clase laboral más cercana a la esclavitud que a la dignidad de los trabajadores.
                Todo lo anterior es fruto de  nuestra desideologización, planificada metódicamente desde el neoliberalismo más salvaje que gobierna el mundo desde hace tres décadas, tiempo en que nos han machacado de las bondades de lo privado, del mercado como regulador de la economía, frente al estado de bienestar, objetivo último de aniquilación. Nos han convencido que una sociedad de emprendedores, donde cada uno se busque la vida, gracias a su iniciativa, es decir volver al siglo XIX o XVII (no nos extrañe que el pícaro sea una figura al alza en España), es mucho mejor que una sociedad de trabajadores y ciudadanos, en la que los derechos quedan regulados y las condiciones de vida dignas aseguradas por un Estado que debe ser garante de nuestra libertad y  nuestro bienestar. Pero claro, esto entra en contradicción con una sociedad en donde la política esté al servicio de los ciudadanos y no de los ricos y las grandes empresas, con controles eficientes de la clase política, con políticos honestos, y una buena distribución de la riqueza, es decir, con una sociedad lo suficientemente politizada como para impedir las injusticias.
                La democracia sin distribución de la riqueza es un papel sin contenido, que nos aboca hacia una plutarquía en donde cada cuatro años podemos votar a los mismos plutarcas para que sigan legislando y gobernando en su beneficio a costa del resto de la población. Así se van creando bolsas de desigualdad, que acaban con el empobrecimiento generalizado de la sociedad, y dramático para miles de personas y familias. No es de recibo en una democracia que mientras hay un número creciente de pobres (aproximadamente el 10% de los españoles carecen de todo) haya un 1% que acumula un 27% de la riqueza. Ni tampoco que se esté creando una nueva clase de trabajadores pobres, porque su salario no les da para salir de este umbral, mientras vemos como los directivos cobran salarios desmesurados. En un importante banco español el salario medio de sus trabajadores es de 50.000 € (hay que tener en cuenta que aquí entran todos los salarios), y el de un solo directivo es de 3.200.000 €; o que mientras muchas mujeres ganan por jornadas completas 400 € al mes, porque tienen contratos a tiempo parcial, el presidente de Iberdrola gana 40.000 € al día; o que la vicepresidenta del gobierno se vaya de compras por las tiendas de lujo de Madrid con siete escoltas. ¿Cuánto nos cuesta a los españoles una tarde de compras de la señora vicepresidenta? En el otro lado, el de la pobreza que ella y los suyos están creando, una mujer se lamenta del cierre del comedor escolar de sus hijos en Semana Santa, porque le va a suponer 135 € darles de comer, con unos ingresos de 325 € mensuales.
                Esto es grave, pero no menos que la gran brecha de desigualdad que se está abriendo en nuestra sociedad, en donde la pobreza empieza a ser un signo de normalidad,y está empezando a invisibilizarse, en la medida que al discurso oficial del gobierno y el Partido Popular no le interesa que se vea y ensucie su campaña del “España va bien” porque está creciendo, no vaya a ser que veamos que lo que crece es el bolsillo de ellos y sus amigos empresarios y ricos.
                La invisibilidad de la pobreza y la desigualdad es un hecho que lo podemos ver a diario en los informativos, ha desaparecido de la parrilla, al igual que aquellos que luchan por paliarla o acabar con ella. Ya no aparece nadie que pueda cuestionar el discurso triunfalista del fin de la crisis del Gobierno, o enseñar las vergüenzas de un sistema que se alimenta de la pobreza y la exclusión.  Pero está ahí, sólo tenemos que apartar el velo de los telediarios y verla en toda su crudeza. Una desigualdad económica, educativa, sanitaria, salarial, de género, de dependencia, laboral y de hambre en muchos casos. Sí, este es el retrato de la España de 2015, en año electoral, que tratan de ocultarnos, para que sus expectativas electorales no mermen en beneficio de quienes sí quieren acabar con ella, y situar a los españoles en la senda del bienestar, la igualdad y la dignidad.

                Este es el retrato que libros como La Brecha (Algón Editores) tratan de visibilizar, y golpear  nuestras conciencias para que nunca más dejemos de pensar que en la política está la solución a los problemas de la sociedad, y la política sin ideología es una fuente seca susceptible de contaminarse. O más bien, ser contaminada por aquellos que quieren empobrecernos para esclavizarnos.

domingo, 29 de marzo de 2015

Primer acto: Andalucía

                                                                                                 Foto: Autor desconocido
Publicado en Levante de Castellón el 27 de Marzo de 2015
Me gustaría hacer una reflexión sobre las elecciones al Parlamento andaluz del pasado domingo. No es una tarea fácil, pues en año electoral las susceptibilidades están a flor de piel, y ya saben ustedes que el forofismo político en estos periodos electorales nos anula un poco las entendedaras a todos. Sobre todo cuando en un parte importante del electorado las sucesivas elecciones que va a haber este año se plantean en términos de revancha electoral, de varias revanchas, y no de debate político. Es decir, no se trata tanto de reflexionar sobre la grave situación que vive el país,y discutir soluciones, como de negar lo que dice el adversario sin prestarle un minuto de atención. Desgraciadamente el mundo de muchos políticos se ha convertido en eso, en un pim pum, pim pum, como si de un partido de tenis se tratase, en donde al adversario hay que devolverle más fuerte para ridiculizar su juego.
                Pero vayamos a la andaluzas. Hay dos verdades incuestionables. La primera es que el Partido Popular ha cosechado un fracaso sin paliativos, perdiendo 500.000 votos y un 14% de su electorado. Lo que nos anuncia, previsiblemente, que durante este año la ciudadanía le va a ajustar las cuentas por haber destruido el estado de bienestar apoyados en una gran mentira que nace en la campaña electoral de las generales anteriores, de la que no se ha cumplido ni una promesa dicha con la solemnidad de los mítines, ni una línea de un programa electoral que iba a salvar España de no se sabe muy bien qué. Los españoles somos un pueblo a veces torpe por la lentitud con la que tardamos en darnos cuenta de las cosas, pero, como pueblo orgulloso en demasía, no soportamos que nos engañen, y una vez descubierta la felonía, no la perdonamos tan fácilmente. Y si el PSOE pago su giro hacia las imposiciones neoliberales de la Comisión Europea con el abandono de una gran parte de su electorado en las elecciones de 2011, el PP, que se presentó cómo el único Partido capaz de sacar a España del túnel en el que se estaba metiendo, lo que concitó la confianza de millones de ciudadanos dándole una victoria electoral desmesurada,  va a pagar ahora sus artimañas electorales, y eso es, precisamente, lo que ha pasado en Andalucía.
                La otra verdad indiscutible es que la izquierda ha tenido un triunfo, si cabe más espectacular que la derrota del PP, con un 57% de los votos, lo que supone 2.273.000 votos. Lo que quiere decir que en Andalucía el electorado sigue confiando en la izquierda, un 7% más que en 2012, a la espera de que esta acabe, alguna vez, con los problemas estructurales que tiene la región, que hasta ahora no ha sabido resolver. No es una crítica, o sí, pero la izquierda que ha gobernado la región debe replantearse qué está haciendo mal, para que después de treinta años sigan padeciendo los mismos problemas de distribución de la riqueza, lo que convierte a Andalucía en una de las regiones más atrasadas de Europa. 
                Hasta aquí lo fácil. Lo complicado viene cuando se analizan los resultados de cada Partido en la izquierda. Previamente me gustaría decir que la fragmentación de la izquierda no es mala siempre que haya puntos de convergencia en la acción política, y que si no saca más representación es debido a un sistema electoral que prima a los grandes Partidos y perjudica a todos los demás. Vayamos al PSOE. En una valoración superficial la victoria de Susana Díaz es indiscutible. Ha ganado las elecciones por goleada. ¿Pero, y si nos acercásemos un poco más al tablero de datos? Entonces a uno le da la sensación de que el PSOE no ha ganado las elecciones, sino que las ha perdido el PP, por lo dicho anteriormente. Susana Díaz convoca unas elecciones porque, decía, quería darle estabilidad al gobierno andaluz, como si ya no la tuviera, y saca el mismo número de diputados, pierde 120.000 votos y un 4% del electorado, con un 5% más de participación. No solo no suma votos, sino que los pierde, para encontrarse ahora con un Parlamento más fraccionado, que no le permite una mayoría de izquierdas sólida, cómo tenía gracias al pacto con IU, una vez descartado, con bastante displicencia por su parte, PODEMOS. Lo que le obliga a tener que acercarse en muchos casos a Ciudadanos. Es decir, ha conseguido cambiar su dependencia de un Partido de izquierdas, por un Partido de derechas, y ni siquiera ha logrado frenar la irrupción exitosa de PODEMOS en el Parlamento, convertido en tercera fuerza política, como parece ser pretendía, y encima le surge por la derecha otro Partido, Ciudadanos, que le puede quitar muchos votos por su flanco diestro. Esto huele un poco a arturmasada, a pesar de que nos quieran vender un acierto exitoso la apuesta de convocar elecciones un año antes de lo que tocaba. Suele suceder cuando alguien se plantea los procesos electorales pensando más en sus intereses que en los de la colectividad.
                PODEMOS. ¿Qué pasa con PODEMOS? Creo que es reo de su propio éxito, y esto deben hacérselo mirar y plantearse su vida política de otra manera. Generar expectativas desmesuradas lo que provoca al final es que si no se alcanzan, el resultado sepa a poco. Y adanes del periodismo como E. Inda se les llene la boca diciendo que han tenido un gatillazo.  Sin embargo, viendo el resultado de PODEMOS, en una Comunidad difícil para ellos, con unas elecciones convocadas cuando el Partido está todavía en proceso de constitución, y unos medios de comunicación cada vez más adversos y deseosos de destruirlos, el resultado que han obtenido es un éxito absoluto. Que un Partido casi recién formado obtenga el apoyo de 590.000 electores, que son casi un 15% de los votantes, y 15 diputados, se puede tratar de relativizar como se quiera, incluso de ningunear, pero es un éxito que les consolida en el mapa de la política como una fuerza capaz de romper el bipartidismo. Pero deben tener en cuenta una cosa, han revisar su discurso sobre el bipartidismo, como hidra de siete cabezas a derribar, porque a la mayoría gente le importa un pimiento el bipartidismo, el tripartidismo o el cuatripartidismo, lo que quiere es que la clase política le solucione sus problemas.
                 De IU poco se puede decir, salvo que su espacio electoral se reduce mucho con la consolidación de PODEMOS. Yo no voy a decir aquí qué es lo que tiene que hacer. Y de CIUDADANOS, sólo decir una cosa: son los grandes triunfadores de la noche, porque partían con todo adverso, y al no haber generado grandes expectativas, sacar 9 diputados, con 400.000 votos detrás el 9% del electorado, es un triunfo.

                Como conclusión, estas elecciones andaluzas, salvando las singularidades propias y la precipitación de la convocatoria, que ha pillado a contrapié a los Partidos de  nueva formación, nos anuncian que el panorama electoral en los próximos tiempos va a dar un vuelco. Cambio electoral, posiblemente no tan radical como muchos querrían, pero si necesario para el cambio político que necesita este país.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Entrevista en El Mundo sobre La Brecha.

'La Brecha' que golpea conciencias"




http://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2015/03/25/55128e80e2704ef0018b4576.html

sábado, 21 de marzo de 2015

La dignidad de Rouco Varela

                                                                                              Imagen: Autor desconocido
Publicado en Levante de Castellón el 20 de Marzo de 2015
Rouco Varela se ha trasladado a vivir a un ático de lujo en una de las zonas más caras de Madrid después de su forzada jubilación. Por dignidad, justifica el portavoz de la Conferencia Episcopal Jose María Gil Tamayo: “Una diócesis tiene la obligación de sostener a sus obispos eméritos, y buscar la manera de ofrecer un lugar necesario y digno para que pueda seguir manteniendo una presencia en esa diócesis”. Ya ven ustedes, hay que mantener la dignidad de Rouco Varela en la tierra, porque en el cielo no sabemos si será merecedor de ella, por eso, lo que se le dignifique aquí lo lleva por delante, no vaya a ser que luego no encuentre nada. ¿Y cómo se dignifica a un obispo? Contesto retóricamente: con bienes materiales y lujo, que es la única manera que la jerarquía eclesiástico entiende su relación con la vida, y Rouco, el paladín de las doctrinas más carcas de la Iglesia, no iba a ser menos en su jubilación.
                Sí, Rouco Varela, el de “Perdemos. Todos a votar. Pásalo”, no puede entender que la dignidad es otra cosa que no tiene nada que ver con su vida regalada, por cierto, pagada por todos, a costa de la pobreza de los demás. Pero ya saben ustedes, la doctrina inmutable durante 2.000 años es la de la Iglesia de los pobres, siempre que los pobres sean otros, para que Rouco, desde su ático de lujo, y sus amigos, puedan ejercer la caridad. Eso sí que dignifica: ser caritativos y repartir la migajas de la riqueza sobre el ejército de pobres que la iglesia ayuda a mantener con sus sermones y su apoyo a aquellos que sostienen que la desigualdad social es Ley natural y siempre habrá pobres y ricos. Por eso Rouco Varela en todo momento ha estado al lado de la derecha más rancia, de gobiernos que aplican políticas de empobrecimiento de la población, justificando que la situación actual tiene que ver con la codicia y la avaricia de la gente. La desigualdad en el reparto de la riqueza actual no es culpa del Partido Popular, ni del gobierno de Mariano Rajoy, ni de los recortes, ni del injusto reparto de la riqueza. “Las causas más profundas de las carencia materiales y de la pobreza física tienen que ver con los fallos morales y la indigencia espiritual”, dijo el hoy obispo emérito hace unos años. Ahí está. Los pobres no lo son por las medidas políticas que aplica la ideología neoliberal que asola Europa, lo son porque tiene indigencia espiritual y están alejados del amor de Dios.
                Rouco no tiene este problema. Su fortaleza moral le ha llevado a vivir en un ático lujoso de casi 400 m2. Él no es un jubilado que tenga que mantener a sus hijos en paro, ni un trabajador esclavizado por las nuevas normas laborales, ni un niño que sólo come una vez al día (claro que como vive en Madrid y allí todos los niños están gordos, como nos dijo su amigo Ignacio González, el todavía presidente de la Comunidad de Madrid, y compadre de ideas, no ve el hambre infantil por ningún lado), ni sabe del sufrimiento de las mujeres maltratadas, ni la desigualdad histórica a la que son sometidas. Pero a él esto no le interesa saberlo. Su concepto del papel de la mujer se lo impide: “La mujer será como parra fecunda en medio de la casa”. ¿Y si no quiere  ser parra fecunda en medio de la casa, abnegada madre de sus hijos, y ocuparse del hogar como horizonte de vida? Ahí está el problema, cuando quieren ser libres, y romper las cadenas a las que la Iglesia las ha sometido durante siglos.
                Rouco, Reig Pla, la Iglesia, contra el aborto. Arietes del extremismo más conservador contra la libertad de la mujeres, contra su derecho a decidir qué vida quieren llevar, a romper las cadenas de la parra fecunda. Es secular la misoginia de la Iglesia, que les llevó durante un tiempo, hacía mediados del milenio cero, a plantearse si le mujer tenía alma o no, como parece ser se debatió, según cuenta Gregorio de Tours, en el Concilio de Macon en el año 565, bajo el argumento de que la mujer es un ser subsidiario del hombre, pues  Dios la creo de una costilla de este, sin recibir el soplo divino, lo que la hace un ser impuro, propenso al pecado. Por ello las mujeres en el cristianismo han tenido un papel secundario, incluso tras la Reforma de Lutero, que desterró la idea de que la mujer era un ser maligno, pero propagó que su estado natural era de servidumbre y sumisión al hombre, porque este era la imagen y la gloria de Dios, y la mujer era la gloria del hombre. Pue bien, estas ideas tan retrógradas no parecen que en el siglo XXI se hayan desterrado del todo, en una sociedad que sigue considerando a la mujer un ser inferior al hombre, con las bendiciones de algunos obispos y la jerarquía de las diferentes religiones; que está sustentando la desigualdad salarial, porque considera que el salario de la mujer es un complemento al del hombre. Pero también, la vergonzosa violencia de género goza de una permisividad social que tiene mucho que ver con la educación cristiana que otorga al hombre un papel de superioridad con respecto a la mujer, lo que hace que muchos hombres consideren a éstas como una propiedad suya, sin que la Iglesia, ni Rouco, ni Reig Pla, levanten la voz para impedirlo, como lo hacen contra el aborto, la homosexualidad, o las nuevas tipologías de familia que están surgiendo.

                Rouco Varela, con la misma impudicia que se muestra la riqueza en la sociedad de neocapitalismo devastador actual, nos ha mostrado que su dignidad está en el lado de los ricos. Que la desigualdad y la pobreza no van con él; en definitiva desde su ático de lujo no se ven ni la una, ni la otra. Pero también nos está mostrando un camino que le señala a él y sus correligionarios como parte del problema. Mientras la Iglesia siga gozando de privilegios que ya son obsoletos en el siglo XXI, a cambio de adoctrinar para la sumisión, la brecha de la desigualdad seguirá existiendo. En definitiva ya es hora de poner en práctica la famosa frase de Jesucristo: “Al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios”. Dicho en román paladín: que los obispos se dediquen a Dios, y los asuntos terrenales nos los dejen a nosotros. Eso sí, que su dignidad se la paguen ellos.