Publicado en Levante de Castellón el 27 de Enero de 2012
Paparruchadas. Esta es la última
lindeza que se le ha ocurrido al Presidente del PP de Castellón, para descalificar a quienes han criticado el
monumental busto que su amigo el pintor Ripolles le ha esculpido, 300.000 €
por medio, para que todo aquel que vaya
o venga de o a Castellón por avión (no se rían, por favor), sepa quienes el
“capo di grupo” provincial, el amo que durante años ha hecho y deshecho a su
antojo en estas tierras. Bufonadas es el otro descalificativo que ha utilizado,
para quienes, bufones ellos, no le consideran un gran benefactor de nuestras
vidas. Aunque no nos ha de extrañar esta
nueva salida de tono, acostumbrados como estamos al insulto y la bravuconada
dialéctica, hacia aquellos que no le han rendido la pleitesía que exige el amo
de sus súbditos, súbditos que han callado, salvo los más directamente
beneficiados, al conocer que le han abierto juicio oral y la fijación de una
fianza de 4,2 MM de euros, y acabarán negándole, al igual que Pedro, tres
veces. Pero la política tiene estas cosas, cuantos más despótico ha sido el
poder ejercido, más van a renegar de uno los que antes le ensalzaban, o
asistían a cenas homenaje, para que, una vez caído y deshojado el árbol, nadie
te relacione con el tirano. En Roma, ciudad de excesos políticos, cuando un
emperador caía, los mismos que la habían jaleado bajo el Arco de Constantino,
azuzaban a la muchedumbre para que arrojaran el cadáver al Tíber.
El
General Custer, henchido de soberbia militar, arrastro a su regimiento, el
famosos 7º de Caballería, a una de las derrotas más vergonzosas del Ejército de
los Estados Unidos, en su guerra contra los indios nativos de América del
Norte. La estupidez de un hombre que se creía tocado por el dedo de la victoria,
acabó con la vida de los más de 200 soldados que componían el regimiento, al
lanzarlos a una derrota segura, frente al jefe siux Caballo Loco. Pero las
lecciones de la historia, y ejemplos como este hay mucho a lo largo de los
siglos, nunca se aprenden, y los errores
se repiten por la falsa percepción que tenemos sobre el concepto de ídolo, que
les hace cometer actos que les acaban convirtiendo en villanos. Porque una cosa
es que un individuo haga una acción heroica, que solamente va a tener consecuencias
sobre su persona, y otra cosa es que la imbecilidad de algunos acabe
arrastrando al desastre a muchos.
Eso
es lo que está pasando, salvo las distancias, en el PP valenciano. Aunque aquí
no hay héroes ni estúpidos ni generosos, sí hay dirigentes que aferrándose al
poder, están haciendo un mal a su Partido, que en algún momento les pasará
factura. Son personajes que han acumulado tanto poder que, al final, se creen
invulnerables. Con carta de naturaleza para hacer lo que más les convenga,
hasta que la realidad les golpea en la cara con una bofetada tan fuerte, que
les baja del pedestal olímpico en el que se habían instalado. Personajes que
han actuado al margen de la Ley, animados por un coro de seguidores, que han preferido mirar para otro
lado, convirtiéndose en instrumentos ciegos de un latrocinio que ahora nos ha
estallado en la cara como una bomba de relojería.
Francisco
Camps sólo dimite de su beatífico sillón de President de la Generalitat, cuando
su Partido le pone entre la espada y la pared, ante su inminente procesamiento.
No lo hace porque haya conducido a esta Comunidad a la bancarrota, eso le es
ajeno, desde su sitial de sumo pontífice político. Ni tampoco se va porque bajo
su presidencia el Partido Popular valenciano se haya agujerado por las termitas
de la corrupción, eso a él no le ha quitado el sueño. Es tanta la soberbia de
poder que tiene acumulada que incluso durante el juicio de los trajes se ha
mostrado displicente y provocador. Haciéndonos creer que su reino no es de este
mundo, y por eso estamos equivocados al juzgarle.
Carlos
Fabra, menos beato, se ha dedicado a engordar la saca sin rubor. Quizá porque
su idea de sátrapa esté más cerca de Nápoles que del Vaticano. Durante años ha
ejercido un poder político férreo en su Partido y despótico fuera de él. El que
se movía dentro no salía en la foto y los que se movían fuera eran objeto de
oprobio público e insultos. Lo ha sufrido en sus carnes la oposición política
en Castellón, los medios que no le han bailado el agua mediática y todos
aquellos que han intentado poner fin a un gobierno basado, fundamentalmente, en
el enriquecimiento personal de su líder. Por eso no es de extrañar que se
resista a enfrentarse a los tribunales, con reiterados obstáculos y argucias
judiciales, la última un recurso al Constitucional, que ponen en solfa su poder
autoritario.
Hay
más personajes lesivos en la Comunidad, sólo tienen que hacer un repaso de
todos los casos de corrupción conocida hasta la fecha. Lo que tienen en común
todos los que nos han arruinado con sus corrupciones y dispendio del dinero
público, es que la justicia los va sentando poco a poco en el banquillo, y
aunque respetamos la presunción de inocencia, las trabas que reiteradamente van
poniendo al desarrollo de sus procesos judiciales, nos hacen sospechar que algo
esconden.






























