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domingo 29 de enero de 2012

Paparruchadas y bufonadas


Publicado en Levante de Castellón el 27 de Enero de 2012
       Paparruchadas. Esta es la última lindeza  que se le ha ocurrido  al Presidente del PP de Castellón,  para descalificar a quienes han criticado el monumental busto que su amigo el pintor Ripolles le ha esculpido, 300.000 € por  medio, para que todo aquel que vaya o venga de o a Castellón por avión (no se rían, por favor), sepa quienes el “capo di grupo” provincial, el amo que durante años ha hecho y deshecho a su antojo en estas tierras. Bufonadas es el otro descalificativo que ha utilizado, para quienes, bufones ellos, no le consideran un gran benefactor de nuestras vidas.  Aunque no nos ha de extrañar esta nueva salida de tono, acostumbrados como estamos al insulto y la bravuconada dialéctica, hacia aquellos que no le han rendido la pleitesía que exige el amo de sus súbditos, súbditos que han callado, salvo los más directamente beneficiados, al conocer que le han abierto juicio oral y la fijación de una fianza de 4,2 MM de euros, y acabarán negándole, al igual que Pedro, tres veces. Pero la política tiene estas cosas, cuantos más despótico ha sido el poder ejercido, más van a renegar de uno los que antes le ensalzaban, o asistían a cenas homenaje, para que, una vez caído y deshojado el árbol, nadie te relacione con el tirano. En Roma, ciudad de excesos políticos, cuando un emperador caía, los mismos que la habían jaleado bajo el Arco de Constantino, azuzaban a la muchedumbre para que arrojaran el cadáver al Tíber.
                El General Custer, henchido de soberbia militar, arrastro a su regimiento, el famosos 7º de Caballería, a una de las derrotas más vergonzosas del Ejército de los Estados Unidos, en su guerra contra los indios nativos de América del Norte. La estupidez de un hombre que se creía tocado por el dedo de la victoria, acabó con la vida de los más de 200 soldados que componían el regimiento, al lanzarlos a una derrota segura, frente al jefe siux Caballo Loco. Pero las lecciones de la historia, y ejemplos como este hay mucho a lo largo de los siglos,  nunca se aprenden, y los errores se repiten por la falsa percepción que tenemos sobre el concepto de ídolo, que les hace cometer actos que les acaban convirtiendo en villanos. Porque una cosa es que un individuo haga una acción heroica, que solamente va a tener consecuencias sobre su persona, y otra cosa es que la imbecilidad de algunos acabe arrastrando al desastre a muchos.
                Eso es lo que está pasando, salvo las distancias, en el PP valenciano. Aunque aquí no hay héroes ni estúpidos ni generosos, sí hay dirigentes que aferrándose al poder, están haciendo un mal a su Partido, que en algún momento les pasará factura. Son personajes que han acumulado tanto poder que, al final, se creen invulnerables. Con carta de naturaleza para hacer lo que más les convenga, hasta que la realidad les golpea en la cara con una bofetada tan fuerte, que les baja del pedestal olímpico en el que se habían instalado. Personajes que han actuado al margen de la Ley, animados por un coro de  seguidores, que han preferido mirar para otro lado, convirtiéndose en instrumentos ciegos de un latrocinio que ahora nos ha estallado en la cara como una bomba de relojería.
                Francisco Camps sólo dimite de su beatífico sillón de President de la Generalitat, cuando su Partido le pone entre la espada y la pared, ante su inminente procesamiento. No lo hace porque haya conducido a esta Comunidad a la bancarrota, eso le es ajeno, desde su sitial de sumo pontífice político. Ni tampoco se va porque bajo su presidencia el Partido Popular valenciano se haya agujerado por las termitas de la corrupción, eso a él no le ha quitado el sueño. Es tanta la soberbia de poder que tiene acumulada que incluso durante el juicio de los trajes se ha mostrado displicente y provocador. Haciéndonos creer que su reino no es de este mundo, y por eso estamos equivocados al juzgarle.
                Carlos Fabra, menos beato, se ha dedicado a engordar la saca sin rubor. Quizá porque su idea de sátrapa esté más cerca de Nápoles que del Vaticano. Durante años ha ejercido un poder político férreo en su Partido y despótico fuera de él. El que se movía dentro no salía en la foto y los que se movían fuera eran objeto de oprobio público e insultos. Lo ha sufrido en sus carnes la oposición política en Castellón, los medios que no le han bailado el agua mediática y todos aquellos que han intentado poner fin a un gobierno basado, fundamentalmente, en el enriquecimiento personal de su líder. Por eso no es de extrañar que se resista a enfrentarse a los tribunales, con reiterados obstáculos y argucias judiciales, la última un recurso al Constitucional, que ponen en solfa su poder autoritario.
                Hay más personajes lesivos en la Comunidad, sólo tienen que hacer un repaso de todos los casos de corrupción conocida hasta la fecha. Lo que tienen en común todos los que nos han arruinado con sus corrupciones y dispendio del dinero público, es que la justicia los va sentando poco a poco en el banquillo, y aunque respetamos la presunción de inocencia, las trabas que reiteradamente van poniendo al desarrollo de sus procesos judiciales, nos hacen sospechar que algo esconden.

domingo 22 de enero de 2012

La California Bananera


Publicado en Levante de Castellón el 20 de Enero de 2012
En la década de las 80 la Comunidad Valenciana se veía en el resto del estado español como una tierra de promisión, de crecimiento económico y bien vivir. Muchos eran los que pensaban que el Levante estaba llamado a ser el motor del desarrollo económico y social del país, con una sociedad muy dinámica que se sostenía en un tejido empresarial moderno y pujante, un clima envidiable para el resto del país, un entramado político social potente y bien estructurado y un reparto de la riqueza encaminado al fortalecimiento del estado de bienestar entre sus ciudadanos, como máxima expresión de su crecimiento. No era ajeno a ello su situación estratégica en el vértice del triángulo geográfico que los expertos señalaban como polo de crecimiento y desarrollo del país, formado por Barcelona, Madrid y Valencia, pasando por Zaragoza, que más adelante se convirtió en cuadrado al incluirse el País Vasco, como cuarto vértice y todo el valle del Ebro.
Podrían ustedes pensar que me estoy dejando llevar por una nostalgia patriótica, de las que defienden que cualquier tiempo pasado fue mejor. Nada más lejos de la realidad. Salvando mi animadversión hacia el patriotismo y toda la parafernalia ideológica que le rodea, esta era una realidad que se vivía con sana envidia fuera de la Comunidad. La prueba es que es en aquellos años cuando empieza el éxodo de muchos españoles hacia el Levante, en busca de una vida mejor.
¿Qué ha sucedido en estas dos últimas décadas, para que de la tierra de oportunidades hayamos pasado a la bancarrota y la destrucción del estado de bienestar? ¿Dónde está la California europea, que nos han vendido durante los últimos años los dirigentes valencianos? Quizá habría que retrotraerse a aquellas famosas conversaciones telefónicas del Caso Naseiro, a principios de los años noventa, en las que los protagonistas de las mismas, con Eduardo Zaplana entre ellos, fijan la doctrina de reparto del botín de los dineros públicos que supone estar en el poder de las instituciones. Recuerden:“estoy en política para forrarme”, “estoy arruinado y necesito hacerme rico” o“le pides dos o tres millones y luego nos los repartimos bajo mano”. Ahí es donde está la esencia, el origen de todos los males que hoy padecemos, y que la dirección del PP en su momento, con José María Aznar a la cabeza y después con Mariano Rajoy no quisieron o no supieron poner fin. Porque lo que ha venido después ha sido el asalto a la caja común de los valencianos, la esquilmación de los recursos públicos, el enriquecimiento personal a cuenta del dinero de todos, la baja calificación moral de unos dirigentes que se han pavoneado de su poder, envuelto en el lujo y el glamur provinciano, pagado con nuestro dinero (también el de los votantes del PP), mientras se dilapidaba el bienestar y el progreso alcanzado en los años anteriores, para concluir en una corrupción galopante que tiene como principales protagonistas a buen número de dirigentes y exdirigentes del PP y del gobierno valenciano.
No se trata de juzgar ahora si la gestión ha sido mala o buena, difícilmente se puede hacer cuando los recursos no se utilizan para las necesidades ciudadanas y el desarrollo social y económico, aunque sí es cierto que en algunos casos se podía haber hecho mejor. Fíjense en la provincia de Castellón, cuántas infraestructuras educativas, sanitarias, de transporte público, de desarrollo social, en definitiva, se podían haber realizado con los 150 MM que ha costado el aeropuerto nonato, que tiene como origen la megalomanía del expresidente de la Diputación, y es el reclamo de una gran operación de especulación inmobiliaria, que pretendía construir 40.000 viviendas residenciales. Una infraestructura aeroportuaria innecesaria, cuando se tiene un aPueropuerto de proyección nacional e internacional a 80 Km de Castellón, que ahora, no sólo sirve de para convertir la provincia en el hazmerreir del país, sino que sigue generando gastos millonarios que no nos podemos permitir.
El dinero fácil para algunos políticos, los herederos de Caso Naseiro, ha conducido a la Comunidad Valenciana casi al rango de República Bananera, arruinada y situada a la cola de las comunidades autónomas. Esa es la herencia que nos han dejado unos dirigentes que han basado su gestión en al latrocinio y el engaño. República Bananera de la que todos somos responsables: unos porque se han beneficiado directamente del clientelismo instaurado por el Partido Popular, otros por haberse cegado depositando su confianza en aquellos, elección tras elección; la oposición con posibilidades de gobernar, es decir el PSPV, en descomposición por las luchas internas que viene sufriendo desde hace quince años, que la están convirtiendo en una organización tribal, dirigida por “señores de la guerra”. En definitiva todos, en mayor o menor medida tenemos nuestra cuota de responsabilidad, por haber permitido que este grupo de dirigentes facinerosos y corruptos lleven años dirigiendo la Comunidad.
Por eso, ahora que los nuevos dirigentes de la Generalitat nos piden sacrificios que atentan contra nuestro bienestar, deben ser conscientes de que primero tienen que acabar con el sistema de hacer política habido hasta la fecha en la Comunidad; eliminar la corrupción futura del horizonte y castigar políticamente, a todos aquellos que han hecho de ésta y el despilfarro bandera de nuestra ruina. No es posible la impunidad porque pertenezca al pasado, como trata de eludir su complicidad con los regalos de la trama Gürtel la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá.

domingo 15 de enero de 2012

Vértigo

Publicado en Levante de Castellón el 13 de Enero de 2012


He empezado el año con una sensación de mareo que no se me quita, incluso creo que cada día que pasa va a más. No se trata de un vahído producido por los excesos de las fiestas navideñas, que pudiera pasarse con un poco de dieta, cotidianeidad y voluntarismo para hacer lo que todos los principios de año nos prometemos. Es algo más profundo que tuvo sus primeros síntomas cuando el expresidente del Gobierno se plegó a las imposiciones de los mercaderes ultraliberales europeos y se agudizó después del 20-N, con el recién elegido a la presidencia del gobierno apresurándose a llamar a los señores del dinero, para rendirles la pleitesía debida del recién llegado a la Corte de los Recortes.
Pero ha sido después de las últimas medidas tomadas por el Consell Valenciano y el Gobierno de España, cuando se ha agudizado el vértigo, como si el orden de las cosas se estuviera desvaneciendo bajo mis pies. Me imagino que es la misma sensación de ingravidez y angustia, por no saber donde pisar, que han tenido aquellos que han sufrido un terremoto. Porque de un movimiento sísmico se trata cuando las bases sobre las que se han asentado la sociedad en las últimas décadas se vienen abajo, con nuestra pasividad cómplice hacia los que están sacudiendo las alfombras de nuestro bienestar.
Produce mareo ver que las grandes infraestructuras realizadas en la Comunidad Valenciana en los últimos años de gobiernos zaplanistas y campsistas, han tenido un sobre coste superior al último ajuste de urgencia que el gobierno de la Generalitat ha presentado en público. Algunos dicen que mejor eso que no tenerlas, pero a mí me parece que detrás de esta afirmación hay gato encerrado, porque la disyuntiva no es si se deberían haber hecho o no (aunque la mala gestión de todas ellas las esté abocando a la ruina), si no por que sólo en las tres más grandes: Terra Mítica, La Ciudad de la Luz y La Ciudad de las Artes y las Ciencias, el desvío presupuestario es superior a los mil millones de euros. ¿A cuánto llegará el despilfarro del dinero público en las obras menores, o de las Diputaciones y Ayuntamientos? ¿Cómo se puede justificar que el Aeropuerto de Carlos Fabra haya costado el doble de lo presupuestado? Para echarse a temblar al pensar que los mismos que han hecho la vista gorda con tanto sobre coste, son los mismos que ahora nos imponen medidas para pagar la cuenta de la barra libre, para ellos, de estos años sin freno al descaro político.
Imagínense si a todo este dineral mal gastado, que si se hubiera obrado con decencia no serían necesarios los recortes, le sumamos los Gurtels, Brugales, Fabras, Emarsas, Visitas del Papa, Fórmulas 1, RTVV, etcétera, etcétera, etcétera. ¡Viviríamos en un Paraíso financiero! Y no se habrían esquilmado, hasta su desaparición, las cajas valencianas. Porque ya es hora de que nos quitemos la venda de los ojos. El déficit financiero de la Comunidad no se debe a un ataque masivo de OVNIS, ni a una invasión de la Sublime Puerta, ni al conjuro de meigas y bruixas de nariz larga y verruga en la cara, ni a una mano negra que esté tratando de hundir en la miseria a los valencianos. Se trata más bien de una mano de puño blanco y pulido, que ha entrado demasiadas veces en la caja comunitaria, tantas que nos ha llevado a la ruina.
Por eso el mareo no se me quita, al ver cómo la factura del despilfarro la vamos a pagar los que no tenemos que ver con él. Cómo al final se echa mano de lo más fácil, que no es otra cosa que recortar sueldos de funcionarios, rebajar la calidad de la enseñanza y la sanidad, acabar con el I+D+i (es decir la investigación), en definitiva, empobrecer más a la sociedad. Mientras los que más tienen vuelven a escaparse, con algún arañazo leve, pero ilesos. Y si no piensen si tiene razón de ser que se siga renunciando al impuesto de patrimonio que grava a los que poseen altas propiedades y se lapide la deducción por vivienda, en el tramo autonómico, que beneficia a los que menos tienen. Por no hablar de la Iglesia Católica, que vive en España como si de un paraíso fiscal se tratase. Cuando a la mayoría de la sociedad civil van a subirle el IBI, la Iglesia, primer propietario de bienes inmuebles, después del Estado, sigue exenta de pagar este impuesto, y otros muchos. O se le da, para la conservación de su patrimonio cultural en la Comunidad Valenciana, la friolera de 150 millones de euros en los últimos diez años; más que para la construcción de infraestructuras educativas.
Es tal el disparate que no les extrañe si empiezan a ver, a partir de ahora, a gente vomitando por las calles, mareadas por la ingravidez que produce tanto desatino. Aunque, quizá se tenga que poner en cuarentena a esta sociedad por la insensatez, que ya se extiende como una epidemia, que mostramos los ciudadanos valencianos y los del resto del país, más preocupados por el subida de impuestos, que por los recortes sin mesura, que sólo nos van a traer menos bienestar y más pobreza.

domingo 8 de enero de 2012

Esto no es una carta a los Reyes Magos



Publicado en Levante de Castellón el 6 de Enero de 2012

Hoy es un día mágico, el más mistérico del año. Es el día del secreto mejor guardado de todos los años de nuestra vida. Siempre me ha fascinado que todo un país de cotillas, como es el nuestro, haya sido capaz de guardar con tanto celo esta fantasía infantil que hoy vivimos, hasta el punto de convertirla en un rito de ilusión, del que los adultos participamos con el mismo empeño que los infantes. Quizá porque todos hemos sido niños, y hemos vivido esa ilusión mágica de creer en lo imposible, sin hacernos preguntas, y cuando algún atrevido racionalista de media docena de años las ha hecho, era tan contundente las respuesta que enseguida caía en su error, volviendo a dejarse llevar por la fascinación de los de Oriente.
La verdadera ruptura de nuestra virginidad social se produce cuando nos enteramos de la verdad ocultada por los adultos, que nos ha hecho tan felices. Sin embargo la energía cinética del sueño vivido es tal, que nos hace entrar, rápidamente y de por vida, en la velocidad de crucero de mantener oculta la ficción. El conocimiento de la verdad nos sitúa en el otro lado, haciéndonos sentir que ya somos adultos, en la medida que somos conocedores del gran secreto de la infancia. Salvo que haya elementos que nos impidan atravesar esa frontera iniciática, y nos convirtamos en cómplices de nuestro propio engaño. Como le pasó hace años a uno que era de Alcoy, dónde sus majestades llevan en la noche mágica los regalos a cada niño, entrando por el balcón. El padre, considerando que diez años eran más que suficientes para saber la verdad, se encontró con la respuesta lógica del hijo: “Cómo me puedes decir que no existen cuando yo los veo dejarme los regalos todos los años”. Aplastante.
Quizá sea este el motivo por el que nos resistimos a creer la verdad de la realidad que nos circunda, y seamos ya desde los tiempos del Imperio en el que nunca se ponía el Sol, el hazmerreir de nuestros vecinos, que nos veían como lunáticos engolados, paseantes por la cortes europeas y norteafricanas de la apariencia engreída de lo que no éramos. Nadie mejor que Quevedo, para retratar nuestra idiosincrasia, como en su obra “El Buscón”. Ese vivir en una ensoñación constante nos hecho destruir lo poco que habíamos avanzado en los primeros veinte años de democracia, al creernos los nuevos ricos de Europa, enseñoreando nuestra insolencia del ser sin tener, por medio mundo, para pasar al “me da argo” en la puerta de esas nuevas catedrales denominadas mercados,; mendicidad tan del gusto de catolicismo patrio, que solo entiende la sociedad como una estructura vertical fundamentada en la caridad de los de arriba hacia los de abajo. ¡Qué mejor forma de dominación!
Vivir instalados en la fantasía infantil de los magos de oriente, como una metáfora de nuestro gusto porque nos solucionen las cosas, conduce a paradojas como la de elegir, para salir de la crisis que nos ahoga, a los campeones del recorte del gasto público, de ese por el que todos nosotros podemos tener una calidad de vida digna, confiando nuestro futuro a quienes nos ha conducido a esta situación. Decía Platón (sigo insistiendo en la importancia de volver a la filosofía, para comprender los fenómenos que nos rodean) que los gobernantes son el reflejo de la sociedad que los elige. Y nosotros tahúres que confiamos demasiado en la suerte, hace tiempo que dimitimos en la tarea de buscar nuestro propio destino. Preferimos que alguien decida por nosotros, es más fácil, que asumir la responsabilidad de enfrentarnos a la realidad y hacer el esfuerzo de modificarla. Ese miedo a la libertad que literaturizó Erich Fromm, tan cómodo para algunas sociedades, encuentra en la nuestra, en los últimos tiempos, su máxima expresión, al esperar que algún rey mago, nos solucione los problemas. Lo que nos hace confiar nuestro futuro al mejor vendemantas que se cruza por nuestro camino. A aquel que, sabiendo que nos miente, nos regala los oídos con aquello que queremos oír, para seguir despreocupándonos de nuestro destino.
El ejemplo más evidente de esa dimisión como ciudadanos que estamos protagonizando, para convertirnos en súbditos de los intereses del gran capital, en forma de entelequias denominadas de mercados y de sus visires políticos, se está produciendo con las medidas de “urgencia” (será por las prisas que tienen por liquidar el estado de bienestar antes que despertemos del sueño que nos embriaga) que el gobierno está aprobando sin tregua. Por poner un ejemplo, resulta curioso, por no decir que vergonzante, que ahora los Sindicatos callen ante el mazazo que se está dando a los funcionarios públicos, y hace unos meses por lo mismo, pero con otra cara, convocaran huelgas y manifestaciones (a no ser que congelar salarios y aumentar la jornada laboral no lo entiendan como una pérdida de poder adquisitivo), entre otras muchas medidas que deberían haceros sonrojar por nuestro mutismo.
Protagonizamos un silencio que ya no es la ocultación de una ilusión infantil, que sí es realmente mágica. Es un silencio que tiene que ver con el fingimiento de nuestro miedo a enfrentarnos a quienes nos quieren convertir en esclavos del siglo XXI. Decía Miguel de Unamuno, que a veces el silencio es la peor mentira. Y nada peor que instalarnos en el autoengaño permanente de seguir creyendo en los RR.MM. toda la vida.

domingo 1 de enero de 2012

Esto no es un balance de 2011

Publicado en Levante de Catellón el 30 de Diciembre de 2011

“Juan Comodoro buscando agua encontró petróleo… pero se murió de sed”, cantaba el malogrado Facundo Cabral, en una de sus más conocidas canciones: “Pobrecito mi patrón”. De sed estamos muriendo en este país, por haber dejado de buscar el agua que nos da la vida y el bienestar, enloquecidos al creer haber encontrado el oro negro de nuestra codicia, que nos está ahogando.
Esto lo podemos decir ahora, en este fin de año 2011, si miramos con perspectiva crítica lo sucedido en los últimos años de avaricia y estupidez ciega. Un año en el que la crisis se ha mostrado con una crudeza desconocida en España, que va más allá de la negligencia del gobierno de turno y la insensatez de una oposición que renunció a echar una mano cuando el país más lo necesitaba. Pero esa es una historia que, ya sabemos, ha tenido como resultado final que usted y yo vayamos a seguir pagando la factura de la crisis, y no vamos a volver a repetirla, para no seguir hurgando en una herida que va a tardar bastante en cicatrizar, y no me refiero a que ahora gobierne el triunfante Rajoy o que Zapatero haya tenido que salir, casi, por la puerta de atrás de la política. A fin de cuentas, visto lo visto, del triunfo de unos y la derrota de los otros, saldremos perdiendo nosotros, los sufridos ciudadanos, que a lo largo de 2011 hemos visto como todo atisbo de esperanza que nos anuncie el final de nuestros problemas, ha sido tragado por el sumidero de este “annus horribilis”. Ya ni tan siquiera la propaganda oficial de los vencedores de esta crisis, nos dan margen para recobrar la ilusión que nos dijeron íbamos a recuperar sacando del poder a los pérfidos socialistas. Pero claro eso era antes de las elecciones.
Superando la tentación de hacer un balance tedioso de lo que ha pasado este año, que es lo que toca por estas fechas, y funesto por el lado oscuro de la realidad que nos ha tocado vivir en los últimos tiempos, no estaría de más que por unos minutos, los que van a tardar en leer este artículo, nos olvidáramos de las estadísticas; las cifras tan del gusto de nuestra clase dirigente; las noticias con las que nos desayunamos cada mañana, que como una píldora negra de pesimismo nos predisponen al mal humor y a un creciente temor; y nos detuviéramos a pesar en nosotros mismos, en cómo nos ha ido en los últimos meses, si ha merecido la pena, o ha sido un año para tirar a la basura. Cómo nos ha ido en nuestras relaciones personales, íntimas o sociales, con nuestra familia, con nuestros amigos. Si ha sido usted capaz de superar algún reto de los que se puso a principios de año, o por el contrario vuelve otra vez a tener que platearse los mismos. Reflexionemos en cómo nos hemos comportado con quienes nos rodean habitualmente; si hemos estado a la altura de nosotros mismos, o de lo que otros esperaban.
Como verán ustedes no les estoy proponiendo una reflexión metafísica, ni la búsqueda de respuesta a la gran pregunta de la humanidad: de dónde venimos y a dónde vamos. Simplemente se trata de abstraerse de esa nube tóxica de noticias y mensajes subliminales y/o cristalinos como el agua, que nos invaden a diario, no permitiéndonos pensar en aquello que realmente nos hace felices y tenemos más a mano. Porque al silenciar deliberadamente nuestros pensamientos, negamos la posibilidad de reconocernos y situarnos en el mundo. Negamos la posibilidad de rebelarnos contra la injusticia y el atropello del poder. Walt Whitman escribía “No caigas en el peor de los errores:/el silencio./La mayoría vive en un silencio espantoso./No te resignes.”
Si no somos capaces de situar nuestra vida en el contexto que nosotros la vivimos, no en el que nos dicen que debemos vivirla, como si fuéramos figurantes de una falsa realidad al modo de Matrix, difícilmente estaremos en condiciones de intervenir en el curso de la historia, con minúscula si se trata de cambiar el entorno más cercano; con mayúscula si somos partícipes de los grandes acontecimientos de la misma. Decía don Quijote que el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho. Pero ya no se estila leer como una fuente de enriquecimiento personal, ni andar como acto de reencuentro entre la mente y el cuerpo, más bien se lee por ocio y se anda por recomendación médica. Hemos acelerado tanto nuestra vida que cualquier posibilidad de reflexión sin interferencias queda anulada. Por eso es interesante que acabemos el año reencontrando el placer de identificarnos en todo lo que nos ha sucedido, para que el año que empieza, de acontecimientos que ya nos anuncian los augures van a ser dolorosos, seamos capaces de afrontarlo con firmeza para no tener que cargar sobre nuestras espaldas todo el peso de la crisis.
El 2011 ha sido un año malo. Quizá no tan malo cuando acabemos nuestro balance personal, lo que entraría en contradicción con lo que pretenden hacernos creer. Seamos capaces de hacer del 2012 un año mejor; es posible que así rompamos esta tendencia a presentarnos el futuro sin expectativa, y estemos poniendo la primera piedra para cambiar el orden de las cosas, que está visto que no es el que a nosotros nos conviene.

lunes 26 de diciembre de 2011

Navidades Blancas... o negras



Publicado en Levante de Castellón el 23 de Diciembre de 2011

Quienes tengan hijos pequeños estarán viviendo estos días la tensión de la Navidad, reflejada en las caras de ilusión de los “peques” y los nervios con los que viven estas fechas de regalos, fiestas y vacaciones escolares. En estos tiempos de confusión, parece que los únicos que tienen claro la Navidad son ellos, que no se plantean salvar el mundo, ni festejar nacimientos que se produjeron hace dos mil años, ni tan siquiera el tan socorrido paz y amor, al que se agarran los adultos, para darle el sentido a una fechas, que no encuentra por ningún lado, más allá de las comilonas de rigor, las borracheras tan en boga y el consumo al que nos vemos obligados, casi sin quererlo.
No sufran, que no estoy pretendiendo sumirles en una depresión navideña, que les acabe amargando las fiestas. Hay que divertirse, porque al final, perdida la esencia de lo que supone la Navidad, o lo que nos han dicho durante los últimos veinte siglos que supone, a los que vivimos en una sociedad de cultura cristiana, lo mejor es que cada uno busque la diversión en lo que más le apetece. Quizá si en vez de la Navidad, hubiéramos seguido festejando aquella fiesta pagana que celebraba el solsticio de invierno, que en todas las culturas tenía su conmemoración: las Saturnales en Roma, o la fiesta en honor del dios Frey en los países germanos y nórdicos, y un largo etcétera de lugares, no tendríamos tantos problemas de conciencia cristiana, y las dudas se difuminarían en una celebración sin más pretensiones que honrar a la naturaleza.
Porque confusión, en estos tiempos de crisis, es lo que más abunda, y en Navidad quizá la herida supura más, por el buenismo que nos han inculcado que deben tener estas fechas; por ese “espíritu navideño” con que nos machacan a diario, que es preciso mostrar para salvar nuestra conciencia, en clara contradicción con lo que ocurre a nuestro alrededor. Incluso a los que sostenemos que la Navidad debería ser un paréntesis; una inyección de buenos propósitos individuales y colectivos; unos días de asueto en la rutina encadenada de nuestras vidas, la confusión nos puede. Empezamos a parecernos a aquel grupo, casi familiar, de la famosa sería de los años sesenta (cuando éramos todavía unos chavales en un tiempo de mayores certezas que el actual), “Perdidos en el Espacio”, embarcados en la nave Júpiter 2, camino Alpha Centauri, en busca de un planeta habitable, para salvar a la especie humana de su propia depredación.
Aunque algunos no tienen dudas, como el olvidado exbispo de la diócesis de Segorbe- Castellón, el reverendísimo Reig Pla, que recientemente ha aprovechado que el Pisuerga pasa por Valladolid, y su añorada derecha vuelve a poner los asuntos gubernamentales en su sitio, para recordar que la doctrina cristiana debe ser el principio que regule la sociedad española. Lo tienen claro en la Curia Episcopal, y no va a de descansar hasta doblegar el mal laicista que recorre la sociedad española, poniendo en peligro sus privilegios intocables, incluso en tiempos de crisis. Tienen tan claro su objetivo de reevangelizar España, que les debió parece poco las atorrantes Jornadas de la Juventud de este verano, y ahora en plena Navidad vuelven a la carga, con la celebración de otra multitudinaria misa al aire libre, en pleno centro de Madrid.
Qué envidia les debe dar a los del PP esa claridad de ideas, ellos que un mes después de haber ganado las elecciones sólo han generado confusión e incertidumbre, acerca de cómo van a dar la puntilla al estado de bienestar. Dudas que no se sabe si son fingidas, para ocultar al gran público la perversidad de sus medidas, o si es que realmente todas sus ideas se han agotado una vez ganadas las elecciones, y era cierto que detrás del “Zapatero ha arruinado a este país, hace falta un gobierno fuerte” sólo queda el humo de los puros que se fumaron el día de la victoria, que no confundamos con el Día de la Victoria, a pesar de que a algunos ya les gustaría aparecer en lo alto del pedestal, a la derecha de Rouco Varela bendiciendo el triunfo sobre la antiEspaña laica.
Envidia deben tener los dirigentes de Castellón, al no poder salir de su desconcierto, por no saber ahora a quién van a echarle las culpas de los malos presupuestos que han presentado para su aprobación en el Ayuntamiento. Ni siquiera en estas Navidades de misas de campaña; de natividad del gran Rajoy, nuevo mesías de la política española; de poder absoluto del conservadurismo de toda la vida, el de botella de anís, polvorón y peces en el río, pueden estar felices los dirigentes valencianos, con la bancarrota de la economía regional llamando a la puerta insistentemente, por haber derrochado el dinero público en corrupciones y fastos.
Quién sabe, igual les gustaría más estar viajando en la Jupiter 2 en busca de Alpha Centauri, la tierra prometida donde poder volver a encontrar las certezas, junto a todos los descreídos de esta Navidad de malos presagios y carbón bajo el árbol. Menos mal que nos quedan los Reyes Magos.

sábado 17 de diciembre de 2011

Distancias

Publicado en Levante deCastellón el 16 de Diciembre de 2011

Se ha publicado recientemente un libro de poemas: “Manual para entender las distancias” de la poetisa castellonense Amelia Díaz Benlliure, en el que nos advierte, subidos a lomos de sus bellos poemas, de lo nocivas que son las distancias que nos separan de nuestros semejantes y el entorno que nos rodea, incluso de nosotros mismos, si no somos capaces de entenderlas y hacer un esfuerzo por salvarlas. Lejanías marcadas por el desamor y el deseo de estar con la persona amada, pero también construidas por la indiferencia a la pobreza, la miseria, la injusticia y los abusos que a diario se comenten por los poderosos contra los indefensos.
¿Pero por qué es importante que entendamos las distancias? Quizá porque si somos capaces de comprender el motivo de las mismas, entenderemos la raíz de lo que sucede a nuestro alrededor, más allá de los mensajes machacones sobre deudas, primas, mercados y recortes de gasto, que sólo tratan de disminuir nuestra capacidad de compresión, de poner distancia entre el pensamiento y los hechos consumados. De esta manera, al alejarnos de la filosofía y de sus enseñanzas sobre la ética, como elemento de pensamiento capaz de reducir distancias entre la indiferencia y el compromiso hacia nosotros mismos y el entorno, negamos la posibilidad de construir ideas que nos den otra visión de la realidad menos pasiva y egoísta.
Juzguen si no por ustedes mismos nuestra actitud hacia todo lo que está sucediendo en los últimos meses. La corrupción que como una infección se ha extendido por instituciones y dirigentes políticos en la Comunidad Valenciana, se ha visto con tal lejanía por la sociedad que no sólo ha dejado de castigarse, sino que los responsables de ella, han sido premiados en las urnas. El silencio que la sociedad valenciana está teniendo ante los recortes del estado de bienestar, ha dado carta de naturaleza a los recortadores, por la distancia existente entre la defensa de nuestros derechos y calidad de vida, y la indiferencia hacia políticas que están muy alejadas de nuestros intereses como colectivo social. El Ayuntamiento de Castellón, con un equipo de gobierno que se niega sistemáticamente a alcanzar un gran pacto económico, está poniendo en práctica una política económica muy distanciada de las necesidades de la población, sobre todo de la que menos tiene. La distancia con la clase dirigente castellonense ha llegado a ser tal, que la Diputación organiza encuentros de munícipes afines, que tratan de justificar su existencia frente a los críticos de la institución, derrochando recursos y tiempo, en una acto de autobombo, que podrían dedicarse a sufragar inversiones, de las que tan necesitadas están algunas localidades de la provincia. El cambio climático, la pobreza vergonzante que vive gran parte de la humanidad, las guerras perennes que solo traen destrucción y miseria, la persecución y linchamiento del diferente por razones de sexo, raza y religión que se practican en muchos países del mundo, incluidos los del orbe democrático occidental… todo ha sucumbido al egoísmo de la crisis y la propaganda del conservadurismo neoliberal que está arrasando nuestras sociedades, poniendo una distancia insalvable entre ricos y pobres, entre débiles y poderosos, entre dirigentes y ciudadanos.
La distancia entre lo que somos y queremos, y entre los que nos dejan ser y obligan a hacer, ha crecido tanto en los últimos años, que parecemos una sociedad de individuos abúlicos e indolentes, a la espera de que una mano magnánima nos salve. Pero nadie nos va a salvar, si no vean como los que han salido triunfantes en las últimas elecciones ya nos anuncian sangre, sudor y lágrimas desde la lejanía del poder; si no veamos como en la sonada Cumbre Europea de la semana pasada, sólo se ha puesto remedio a los problemas que afectan a los intereses de los gobernantes europeos actuales y sus amigos, a mucha distancia de nosotros y nuestras vidas marcadas por el ajuste y la renuncia.
Si no somos capaces de entender las distancias, nunca podremos salvarlas, reducirlas, para que la confluencia de nuestros intereses individuales y colectivos sea real. Porque en la cercanía se les puede mirar a los ojos a los que levantan muros, llenan de cadáveres, metafóricos y reales, las calles y los campos, y es en esa distancia corta, cuando les podemos exigir que se vayan, que dejen de destruir nuestro bienestar, para ser ellos más ricos y poderosos, pero antes hay que volver a la filosofía como sabiduría que nos va a dar la claves para entender qué pasa y por qué pasa. Volver a la poseía, en su tradición clásica de literatura para acabar con las injusticias. “La poesía es un arma cargada de futuro” escribía Gabriel Celaya en unos maravillosos versos. Y para conquistar ese futuro, hay que entender las distancias, porque como dice Amelia Diaz, en un hermoso poema de su libro: “Me prohibieron imaginar:/invente paisajes./Me obligaron a dormir:/creé los sueños./Me quisieron enjaular:/me volví lluvia./Me hicieron arrodillar:/planté semillas./Me impidieron escribir:/me hice poeta”.